Restaurar la vista mediante dispositivos electrónicos ya no pertenece únicamente a la ciencia ficción. Investigadores de distintas partes del mundo desarrollaronojos biónicoscapaces de devolver parte de la visión perdida.
En los próximos años, algunos de estos sistemas podrían ir más allá de los límites del ojo humano al incorporar imágenes térmicas, aumento óptico o visión nocturna, según describe Tim Jackson, profesor de Investigación Retiniana del King’s College London, en The Conversation.
Los esfuerzos por combatir la ceguera con implantes acumulan más de dos décadas de historia y tuvieron como foco principal la retina, la capa de células sensibles a la luz que se encuentra en la parte de atrás del ojo. Cuando esa estructura falla de manera grave, la consecuencia puede ser la pérdida total de la visión.
Dos de los primeros sistemas para revertir ese daño fueron el chip subretiniano de la alemana Retina Implant AG y el Argus II. El primero cerró por falta de progreso médico; el segundo combinaba una cámara con un chip estimulado por 60 electrodos y, pese a la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos en 2013, tampoco logró resultados sólidos. Ambos fueron abandonados en 2019.
Los primeros implantes ofrecían destellos de luz, no imágenes
Lo que aquellos dispositivos pioneros podían ofrecer era, en el mejor de los casos, elemental. El chip de Retina Implant AG requería una cirugía de aproximadamente ocho horas que incluía la apertura de un hueco en el cráneo, detrás de la oreja, para alojar un receptor de energía conectado al implante por un cable colocado debajo de la piel.
Los pacientes percibían destellos de luz que correspondían vagamente a la forma del objeto que miraban. Muchos chips fallaban con el tiempo, posiblemente por los movimientos rápidos del globo ocular o por la corrosión que generaba el líquido salino en su interior.
Las investigaciones que continuaron tras esos contratiempos tomaron un rumbo diferente. Una de las líneas más activas consiste en enviar, de forma inalámbrica, energía e información visual desde una cámara externa hacia un chip implantado directamente en la zona del cerebro donde se procesa la visión.
A diferencia de los implantes retinianos, esta técnica podría beneficiar también a pacientes cuya ceguera tiene origen en el nervio óptico, el que conecta la retina con el cerebro, y no solo en la retina misma. Jackson advierte que todavía no está claro qué nivel de detalle puede alcanzarse por esta vía, dado que se pierde el procesamiento que la retina realiza de manera natural.
La empresa belga ReVision Implant trabaja con esta metodología y, según el artículo, lanzará su primer ensayo clínico en humanos en octubre de 2026.
El Prima restauró la visión central en el 81% de los pacientes tratados
Otro dispositivo en desarrollo es el Prima, que usa unos anteojos especiales para transmitir imágenes y energía, mediante señal infrarroja, a un chip colocado quirúrgicamente debajo de la retina. Fue probado en pacientes con degeneración macular relacionada con la edad de tipo seco (DMAE), una de las principales causas de ceguera en el mundo.
Los resultados de un estudio reducido indicaron que la prótesis restauró la visión central funcional en el 81% de los casos, con pacientes que lograron leer letras, números y palabras. El Prima ya cuenta con autorización para su uso en 30 países europeos.
Su potencial de mercado es considerablemente mayor que el de sus predecesores: la DMAE afecta a una población mucho más amplia que las enfermedades retinianas hereditarias que trataban los dispositivos anteriores, lo que lo convierte en una opción más atractiva para los inversores.
Esa misma característica, no obstante, abre un debate ético. A diferencia de los pacientes con condiciones hereditarias, que en muchos casos ya perdieron la mayor parte de su visión, quienes padecen DMAE suelen conservar buena visión periférica. Por eso tienen mucho que perder si algo sale mal en una intervención que, lejos de ser sencilla, conlleva riesgos quirúrgicos reales.
La visión artificial podría superar los límites del ojo humano
Dado que todos estos sistemas transmiten información visual de forma electrónica, es posible incorporarles funciones adicionales. El Prima ya incorpora aumento óptico para sus usuarios. A eso se suma una posibilidad a futuro: sistemas que capten longitudes de onda fuera del rango visible podrían ofrecer imágenes térmicas y visión nocturna.
Un prototipo con esa capacidad ya fue probado en primates, aunque Jackson aclara que esas posibilidades serán relevantes recién cuando la visión artificial básica alcance un nivel de madurez mucho mayor al actual.
El mayor desafío para los ojos biónicos podría no venir de la electrónica, sino de la biología. Las terapias con células madre se encuentran en las primeras etapas de ensayos en humanos, con el objetivo de regenerar células retinianas perdidas por enfermedad.
Al igual que los implantes electrónicos en sus comienzos, estas terapias acumulan decepciones y enfrentan obstáculos importantes en cuanto a que esas células sobrevivan y se integren al ojo. Pero si lograran crear nuevas células retinianas funcionales en reemplazo de las dañadas, podrían, con el tiempo, superar completamente a los implantes electrónicos como solución para recuperar la visión, concluye Jackson en The Conversation.












