Emilio Donnari, de cabaña El Encuentro y Daiana Bastías. Foto: Jorge Silva.
En los establecimientos ganaderos del Valle Medio, muchas decisiones todavía se toman a partir de la experiencia acumulada durante generaciones. El conocimiento del campo, de los animales y de los ciclos productivos sigue siendo una herramienta fundamental, pero la incorporación de mediciones y registros abre una posibilidad concreta: saber con mayor precisión qué está funcionando, qué se puede corregir y dónde existe margen para producir más con los mismos recursos.
En ese camino trabaja la médica veterinaria Daiana Bastías junto a un grupo de profesionales. Daiana es egresada de la Universidad Nacional de Río Negro, docente de esa casa de estudios y vinculada profesionalmente a distintos establecimientos de la región. Su trabajo abarca desde Darwin y Chimpay hasta Pomona y, cuando la actividad lo requiere, también otros puntos de la zona.
Desde hace aproximadamente un año participa de un proyecto de investigación que busca estudiar el paso de un rodeo continuo a un rodeo estacionado, evaluando a partir de ese cambio distintos indicadores productivos, reproductivos y sanitarios.
La propuesta tiene una premisa sencilla, pero con consecuencias importantes para el funcionamiento de un establecimiento: ordenar los tiempos del rodeo permite también ordenar la producción.
“La idea es poder evaluar la calidad seminal de los toros que van a ser futuros padres de un rodeo, tanto en calidad seminal como en lo sanitario”.
Uno de los puntos centrales del trabajo de Bastías es justamente generar información que permita conocer qué sucede dentro de un rodeo.
En sistemas de producción extensivos es posible atravesar un ciclo productivo sin contar con demasiados indicadores que permitan comparar resultados. Se puede tener una percepción general de que el rodeo funcionó bien o mal, pero sin registros concretos resulta difícil determinar dónde estuvo el problema o dónde apareció una oportunidad.
“Vos ganás, perdés, o no te das cuenta y en realidad el año pasado estabas 50% arriba o tuviste una merma”, explica la veterinaria al referirse a esa falta de medición.
La diferencia aparece cuando los procesos empiezan a registrarse. La cantidad de preñeces, el momento en que se producen, las pariciones, la condición de los animales, la calidad reproductiva de los toros y el estado sanitario comienzan a transformarse en información que permite tomar decisiones. En definitiva, no se trata solamente de producir, sino de saber cómo se está produciendo.
“Vos ganás, perdés, o no te das cuenta y en realidad el año pasado estabas 50% arriba o tuviste una merma”.
Bastías identifica allí una de las principales dificultades culturales que todavía existen en algunos establecimientos: trabajar como siempre porque “siempre se hizo así”. “Mi abuelo lo hizo así, mi papá lo hizo así y yo toda la vida lo hice así y a mí me funciona”.
La veterinaria plantea que justamente el desafío consiste en demostrar que existe la posibilidad de mejorar sin necesariamente incrementar los costos de manera significativa: “Con lo mismo o con menos pueden ganar mucho más teniendo ordenado todo el trabajo».
La diferencia entre un rodeo continuo y uno estacionado constituye uno de los ejes del proyecto.
En el sistema continuo, el toro permanece durante todo el año junto a las vacas. En cambio, en un esquema estacionado se establece un período determinado para el servicio. En la región, Bastías explica que habitualmente se trabaja con períodos de tres meses, por ejemplo entre octubre y diciembre. Los toros ingresan durante ese período y luego son retirados. El cambio modifica toda la organización posterior.
Si el servicio está concentrado, también lo estarán las pariciones. Y cuando las pariciones se concentran, resulta posible ordenar mejor las tareas sanitarias, la alimentación, el seguimiento de los terneros y posteriormente las ventas.
“La idea es pasar de rodeo continuo a rodeo estacionado, esa es la propuesta de la Universidad”.
El objetivo es llegar a tres meses de servicio y, posteriormente, a un período más definido de pariciones.
Esto permite identificar también una “cabeza” y una “cola” de parición. Si existe una cola demasiado extendida, por ejemplo, el dato deja de ser anecdótico y puede transformarse en una señal de alerta.
Allí entra nuevamente la veterinaria y el diagnóstico. Una parición retrasada puede llevar a investigar problemas reproductivos o sanitarios. Bastías menciona entre las posibilidades las enfermedades venéreas y destaca la importancia de realizar controles sobre los toros y las hembras.
En los machos se pueden realizar raspajes para detectar enfermedades como tricomoniasis y campilobacteriosis, mientras que en las hembras pueden realizarse sangrados para el diagnóstico de brucelosis. El dato sanitario pasa así a formar parte del análisis productivo.
Dentro del proyecto, una de las tareas específicas de Bastías es la evaluación de la calidad seminal de los toros.
El trabajo que realiza en la zona incluye la evaluación de ejemplares de establecimientos que tienen una fuerte participación en exposiciones ganaderas. Uno de los casos analizados es el de la cabaña El Encuentro, cuyos toros vienen obteniendo resultados destacados en las principales exposiciones de la región.
En ese establecimiento fueron evaluados diez toros. La particularidad del trabajo es que la apariencia del animal o sus antecedentes productivos no son suficientes para determinar su aptitud reproductiva. Un toro puede tener una genética destacada y una excelente presentación y, sin embargo, presentar en un determinado momento un problema en la calidad seminal.
Por eso el análisis se convierte en una herramienta de respaldo. “Nunca un solo eyaculado te va a dar un resultado final”.
La aclaración es importante porque un resultado desfavorable no necesariamente significa que el animal deba ser descartado inmediatamente. Puede existir una situación transitoria o una patología que esté afectando temporalmente la producción seminal. En esos casos hay que determinar cuál es la causa y evaluar la evolución.
La evaluación comienza directamente en la manga. Bastías explica que la extracción del semen se realiza mediante electroeyaculación, utilizando estímulos que permiten obtener el eyaculado a partir de la estimulación de las glándulas accesorias del aparato reproductor.
Una vez obtenida la muestra, el tiempo es un factor determinante. La muestra debe mantenerse en determinadas condiciones y la evaluación se realiza rápidamente.
Primero aparece el análisis macroscópico: volumen, aspecto, coloración y pH. Una muestra demasiado diluida o con una coloración anormal puede aportar las primeras señales.
Después llega la evaluación microscópica. Se analiza la motilidad masal, la motilidad individual y la concentración espermática. También se realiza el recuento de espermatozoides mediante cámara y se utilizan herramientas de medición disponibles a través de la Universidad. Todo ese proceso permite establecer con mayor precisión la calidad reproductiva del animal.
En los diez toros evaluados en el establecimiento mencionado, los resultados fueron muy buenos. Y ese dato adquiere relevancia porque se trata de animales destinados a ser futuros padres de rodeos y, potencialmente, a aportar genética a otros productores.
Uno de los proyectos que aparecen hacia adelante a partir de este trabajo es todavía más ambicioso: aprovechar la genética de los toros producidos en la región para ponerla a disposición de otros productores mediante semen congelado.
La idea es avanzar hacia la producción de pajuelas de semen que permitan utilizar esos reproductores en programas de inseminación artificial.
El planteo tiene una lógica productiva concreta. Los toros que se desarrollan en el Valle Medio están adaptados a las condiciones ambientales de la región. Y esa adaptación puede ser una ventaja frente a reproductores provenientes de otras zonas que, aun teniendo excelentes antecedentes, necesitan atravesar períodos de adaptación o directamente pueden no responder de la misma manera a las condiciones locales. «Son toros de acá, preparados para la zona«.
Para Bastías, disponer de esa genética permitiría fortalecer la producción regional y facilitar el acceso de los productores a reproductores cuya adaptación ya está comprobada.
El proyecto todavía requiere infraestructura y respaldo de laboratorio para poder avanzar con las pajuelas. La profesional explica que la extracción puede realizarse en la zona, mientras que el procesamiento, congelado y certificación deben pasar por un laboratorio habilitado.
En ese sentido, ya existen conversaciones para articular el trabajo con un laboratorio de Neuquén mediante un convenio.
La limitante principal aparece en la inversión necesaria para el equipamiento. Existen máquinas capaces de automatizar el llenado y sellado de las pajuelas a una velocidad muy superior al trabajo manual. Pero la posibilidad técnica está.
Y, sobre todo, existe una materia prima que resulta estratégica: genética producida y seleccionada en el propio territorio.
Aunque la evaluación seminal ocupa un lugar importante dentro de la investigación, el trabajo de Bastías no se limita a los toros.
El proyecto también contempla la evaluación de pasturas, el pastoreo, la rotación y diferentes herramientas vinculadas con el manejo holístico. La razón es sencilla: no existe una única variable capaz de explicar el resultado productivo de un establecimiento.
Se puede tener un rodeo estacionado y correctamente planificado, pero si el campo no cuenta con alimento suficiente en el momento necesario, el sistema igualmente tendrá dificultades. Por eso las decisiones deben adaptarse a las condiciones de cada establecimiento y a cada ciclo productivo.
Bastías pone como ejemplo una situación de sequía. Si la disponibilidad de pasto no alcanza para sostener las vacas con sus requerimientos, una herramienta como el destete precoz puede convertirse en una decisión necesaria.
«Depende mucho de la situación. Si estamos en sequía y no hay pasto, hago un destete precoz y ese año, en ese momento, es en lo que voy a estar centrado«.
La clave está en no pensar las herramientas de manera aislada. El manejo del rodeo, la alimentación, la reproducción, la sanidad y la planificación tienen que formar parte de una misma estrategia.
En el fondo, el trabajo que desarrolla Daiana Bastías junto al grupo de profesionales busca introducir una palabra que puede resultar sencilla, pero que tiene un fuerte impacto productivo: orden.
Ordenar el período de servicio. Ordenar las pariciones. Ordenar la sanidad. Evaluar los toros antes de utilizarlos. Medir resultados. Analizar la alimentación disponible. Detectar problemas reproductivos. Comparar indicadores entre años, y a partir de todo eso, decidir.
La profesional sostiene que ese proceso permite dejar atrás una producción basada exclusivamente en la costumbre y avanzar hacia sistemas donde cada decisión tenga un respaldo.
El proyecto que lleva adelante junto con la Universidad Nacional de Río Negro todavía está en una etapa de investigación y requiere tiempo para obtener resultados comparables. Pero algunas de las herramientas ya están disponibles para los productores.
La evaluación reproductiva de los toros, el control sanitario, la planificación del servicio y la concentración de las pariciones son instrumentos que pueden aplicarse en los establecimientos para mejorar el seguimiento del rodeo.
En una región que busca consolidar una estructura productiva agrícola-ganadera cada vez más diversificada, el aporte profesional adquiere un valor particular.
El Valle Medio no solamente necesita producir más. También necesita producir mejor, medir lo que hace y aprovechar al máximo los recursos disponibles.
Y en esa transición, el trabajo de veterinarios, productores, universidades y organismos públicos puede resultar determinante.
El recorrido personal de Bastías también tiene una particularidad. Siempre estuvo vinculada con los animales, aunque al terminar la escuela técnica inicialmente eligió otro camino y comenzó a estudiar ingeniería aeronáutica en Córdoba. La experiencia duró un año.
La ciudad y la distancia con su lugar de origen terminaron pesando más que el buen desempeño académico. Finalmente regresó y comenzó veterinaria, una carrera que esta vez sí terminó. Hace cinco años obtuvo su título en la Universidad Nacional de Río Negro.
Su vínculo con la actividad productiva también viene de su entorno familiar. Su familia está relacionada con la producción de pasturas, fardos y rollos, una actividad que le permitió conocer desde cerca la importancia de la alimentación y el manejo de los recursos.
Hoy combina la docencia universitaria con el trabajo de campo y la investigación. Desde Darwin, donde reside actualmente, se mueve por una amplia zona del Valle Medio y llega hasta distintos establecimientos para realizar tareas profesionales.
Su actividad muestra también una transformación en el rol de la veterinaria dentro de los sistemas productivos. Ya no se trata solamente de atender un animal enfermo o resolver una urgencia sanitaria.
La mirada apunta cada vez más a prevenir, medir, planificar y acompañar al productor en la toma de decisiones.
* Proyecto Cría bovina patagónica en transición hacia las Buenas Prácticas de Manejo
Integrantes: Paola Fernanda Peralta; Verónica Mariela Favere; Alejandro José Larriestra; Alicia Laura Reumann; Vanesa Antonela Vistarop; Daiana Ailín Bastías; Virginia Susana Pitte
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Fuente: Diario Río Negro — Regionales — ver publicación original.










