Mark Carney y Ursula von der Leyen impulsaron este jueves en Montreal un plan sin precedentes para que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea, una figura inédita que busca blindar a ambas partes frente a la presión económica de terceros países y de las grandes tecnológicas. El primer ministro canadiense y la presidenta de la Comisión Europea presentaron la iniciativa en el marco de una cumbre bilateral de dos días, mientras Ottawa y Bruselas intentan reducir su dependencia de Washington en plena guerra comercial impulsada por el presidente estadounidense, Donald Trump.
“Cuando el comercio se convierte en una herramienta de presión económica, son las familias las que pagan el precio, desde la góndola del supermercado hasta el costo de un auto nuevo”, afirmó von der Leyen durante la cumbre. La funcionaria alemana advirtió que relaciones económicas antes consideradas estables se están usando como instrumentos de coerción, citando la dependencia de proveedores únicos de energía, semiconductores y minerales críticos.
Von der Leyen reconoció que Canadá no puede sumarse como miembro pleno de la Unión Europea (UE) “por razones geográficas”, pero defendió llevar el vínculo “al nivel más alto posible”. “Nuestra idea es sencilla: se trata de una asociación sin adhesión. Pero podemos sustituir la adhesión por una ambición y visión comunes”, explicó durante un discurso en el Instituto C.D. Howe de Montreal.
La propuesta, planteada por primera vez por von der Leyen hace seis semanas en su discurso sobre el Estado de la Unión, se apoya en tres pilares: mayor coordinación de políticas en inteligencia artificial, clima, energía y seguridad; cooperación institucional entre la Comisión Europea, el Gobierno canadiense, los respectivos parlamentos y órganos judiciales; y una mayor participación canadiense en programas comunitarios como Erasmus+ y Horizonte Europa.
Canadá se perfila como el primer país no europeo en alcanzar un vínculo de ese tipo con el bloque, en momentos en que Bruselas y Ottawa buscan recomponer sus alianzas tradicionales. Von der Leyen sostuvo que la “Alianza para el Futuro” entre ambos socios podría, con el tiempo, sumar a otros países afines y confiables, aunque Canadá y la UE conforman su núcleo inicial.
Carney, por su parte, relativizó el debate sobre la denominación. “Esta nueva alianza no es un ejercicio de marketing. El nombre no importa”, dijo el primer ministro en una conferencia de prensa. Horas después, sentado junto a von der Leyen en una mesa redonda empresarial, el propio Carney utilizó el término “miembro asociado” al referirse a los beneficios prácticos de la cooperación.
Resistencia de los Estados miembros
La figura propuesta por von der Leyen carece de significado jurídico y enfrenta el rechazo de varios países del bloque. Anand Sundar, asesor especial del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, señaló que Francia y Alemania se encuentran entre los Estados incómodos con esa denominación. “El hecho de que los Estados miembros hayan rechazado el marco de la adhesión asociada resulta muy embarazoso para von der Leyen”, afirmó Sundar.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, respaldó la propuesta sin cerrarse a otra denominación. “La presidenta Von der Leyen incluso ha planteado la audaz idea de convertir a Canadá en un miembro asociado de la Unión Europea. Comparto su ambición”, dijo Costa ante el Consejo de Relaciones Internacionales de Montreal, donde agregó que, “se utilice este término u otro”, la asociación entre ambas partes será “la más estrecha, la más profunda y la más singular” posible.
Carney descartó de plano una adhesión formal a la UE y aclaró que cualquier acuerdo de cooperación reforzada deberá pasar por una votación en el Parlamento de Canadá.
Defensa, minerales críticos y comercio digital
Canadá es el único país no europeo que participa en el programa de adquisiciones de defensa SAFE de la UE, dotado con 150.000 millones de euros (167.000 millones de dólares), que permite a empresas canadienses sumarse a compras militares conjuntas europeas. Costa destacó que una empresa de Quebec ya logró un contrato financiado por ese mecanismo para suministrar equipos de radio al ejército polaco.
Sin embargo, la cooperación en defensa enfrenta obstáculos: Sundar indicó que Francia impulsa reglas estrictas de “fabricado en Europa” que podrían limitar el acceso de las empresas canadienses al futuro gasto militar comunitario, mientras que Alemania favorece una participación más amplia.
En materia comercial, ambas partes ya cuentan con el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA), vigente desde 2017, que eliminó la mayoría de los aranceles. Costa anunció que durante la cumbre se presentará además un acuerdo sobre comercio digital que complementará ese tratado.
Von der Leyen precisó que el valor de las importaciones europeas de materias primas críticas canadienses, entre ellas litio, cobalto, níquel y grafito, subió 62% el último año hasta 3.300 millones de euros (3.700 millones de dólares). La funcionaria también anunció que Canadá y la UE cerrarán este viernes un acuerdo que dará a empresas, startups e investigadores canadienses acceso a la red europea de 12 supercomputadoras avanzadas para fortalecer la cooperación en inteligencia artificial.
La sombra de Trump sobre el acuerdo
Estados Unidos concentró 71,7% de las exportaciones de mercancías de Canadá en 2025, y Carney busca duplicar las ventas a otros países en la próxima década. El acercamiento con Europa forma parte de la estrategia del primer ministro para reducir la dependencia económica y de seguridad canadiense respecto de Washington desde que Trump impuso aranceles a los productos del país.
Trump sugirió que el acuerdo entre Canadá y la UE podría constituir un “acto hostil” y amenazó con aranceles contra Europa si lo considerara desfavorable para Estados Unidos. Consultado el miércoles sobre una eventual represalia, un funcionario canadiense de alto rango dijo a periodistas que el estrechamiento de vínculos no apunta contra Washington, sino que responde a intereses compartidos de larga data.
Tobias Gehrke, investigador principal del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, consideró que el desacuerdo sobre la terminología difícilmente frene la cooperación. “No existe un atajo mágico para reducir rápidamente la dependencia de Europa y Canadá respecto de la economía y el ejército de Estados Unidos, sobre todo porque Washington podría tomar represalias”, señaló Gehrke. “Pero la ventana política está ahora completamente abierta para dar un paso mucho más grande de lo que antes parecía posible”.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.












