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    Nuevas revelaciones sobre la fuga de Flávio Bolsonaro del Brasil: el piloto que se negó a volar a Foz, 1.600 kilómetros por ruta y el verdadero rol de EE.UU. en la operación

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    Nuevas revelaciones sobre la fuga de Flávio Bolsonaro del Brasil: el piloto que se negó a volar a Foz, 1.600 kilómetros por ruta y el verdadero rol de EE.UU. en la operación

    El martes casi a medianoche, cuando las cámaras de televisión tomaron la llegada de una camioneta blanca con vidrios polarizados, quienes seguían la increíble fuga de Flávio Bolsonaro desde Brasil a Argentina y de aquí a los Estados Unidos, se dio por descontado que en ese vehículo viajaban el ex candidato a Presidente de Brasil y su esposa e hijas.

    El casi inmediato despegue del jet privado Gulfstream IV matrícula LV-JQW con destino a Miami, Estados Unidos, pareció reforzar esa creencia. La realidad fue otra. La familia Bolsonaro habían llegado al aeropuerto de Puerto Iguazú una hora antes. Lo hicieron en un vehículo con movimientos organizados por agentes de los Estados Unidos. Tanto es así que el vehículo ingresó a la pista de aterrizajes y despegues por una entrada secreta a la que nadie le había prestado atención. Agentes del Departamento de Estado o de una agencia de seguridad internacional, por decirlo alguna manera, habían «intervenido» el aeropuerto de Puerto Iguazú.

    Los miembros de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), igual que empleados de Migraciones y de Aduana, habían sido apartados por los enviados o representantes del extranjero, que coordinaron los trámites necesarios para la partida de los Bolsonaro y se garantizaron que entraran al jet privado LV-JQW sin alteraciones. La familia y el brasileño buscado aguardaron más cuarenta minutos interminables sentados en sus butacas hasta que la aeronave fue autorizada a despegar.

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    Justo antes de ese momento había llegado la camioneta a la misma pista, generando una nueva confusión en un día signado por falsas verdades difundidas adrede por las autoridades. Desde la administración Trump hasta el propio presidente reelecto de Brasil, Lula Da Silva, habían afirmado, en declaraciones públicas, que los Bolsonaro ya habían escapado a Estados Unidos. No era así. Lo haría pasada la medianoche y desde Misiones.

    Esa fue la distracción más importante de varias más que se difundieron o plantaron adrede para evitar complicaciones en el plan real conocido por un número reducido de coordinaros u organizadores.

    Fue un día de vértigo informativo y de cruces de comunicaciones entre fuerzas de seguridad, de Inteligencia, de dirigentes políticos de alto nivel y también del periodismo, todos mareados ante novedades contradictorias, o no, que surgían a cada momento.

    Clarín pudo confirmar que la fuga de Bolsonaro tuvo una intervención de los Estados Unidos en territorio argentino más relevante la que se conocía hasta ahora. Agentes o representantes de ese país trabajaron en territorio, tomaron el control por un lapso de tiempo de buena parte del aeropuerto de Iguazú, contrataron no uno, si no al menos tres jets privados para tener alternativas si surgían problemas con la misión original.

    En Misiones, como ya se difundió en este diario, esos agentes o representantes de los Estados Unidos en la Argentina contaron con la asistencia de parte del Gobierno argentino.

    El presidente Javier Milei le ordenó a su principal asesor, Santiago Caputo, que viaje a Misiones de forma confidencial para garantizar todo lo que hiciera falta para que el plan fuga sea exitoso.

    El plan de fuga incluyó la contratación de al menos tres, quizás cuatro aviones privados de alto costo operativo que volaron en zona, aterrizaron en Misiones o fueron apostados como opciones de salidas alternativas, una de ellas, en Paraguay, por el «Plan A» para sacar a los Bolsonaro de la región se frustraba.

    También se desplegaron camionetas y autos con patentes disuasorias para evitar retenes en Brasil y en Argentina. Se coordinó que habría algo así como «zonas liberadas» en el aeropuerto de Puerto Iguazú y cercanías. Se habilitaron canales de comunicación para intercambio de información entre agentes de Inteligencia nacionales y extranjeros.

    Un ex miembro de la DEA y otro grupo de agentes secretos fueron habilitados para trabajar en la misión.

    Fuentes que protagonizaron esta trama y otros testimonios de testigos directos de lo que pasó que se mantendrán bajo anonimato, ayudaron a reconstruir parte de esta historia.

    Hay nuevos elementos y anécdotas de un plan de acción que aún genera un alto impacto internacional.

    Entre el lunes y el miércoles pasado, los cielos argentinos se transformaron en un teatro de operaciones misteriosas difíciles de dilucidar.

    El plan de fuga de Flávio Bolsonaro contó con al menos cuatro jets privados cuyas rutas y objetivos habrían sido coordinados por el Departamento de Estado de la Casa Blanca para distraer la atención, o para generar opciones de escape que se mantuvieron en secreto hasta que el éxito de la salida de Bolsonaro hacia Miami se había cumplido con éxito.

    Un jet Gulfstream IV matrícula LV-JQW salió el lunes por la noche desde el aeropuerto bonaerense de San Fernando hacia Puerto Iguazú, Misiones, donde aguardó en pista hasta las primeras dos horas del miércoles, cuando finalmente fue abordado por los Bolsonaro.

    Casi en sincronía, otro jet más aterrizó en la misma pista también el martes en horas de la mañana.

    Un Learjet 45 patente LV-JZQ aguardó allí hasta que volvió a Buenos Aires el martes a la mañana. Casi doce horas antes de que los Bolsonaro llegasen al mismo lugar pero para subirse al Gulfstream IV alquilado por intermediarios de los Estados Unidos a la compañía Baires Fly. ¿Un señuelo?

    El movimiento de aviones en ciudades cercanas, sumando a Asunción del Paraguay, fue mayor.

    Un Gulfstream V. con matrícula N776MA apareció el martes en vuelo, se suponía, entre el aeropuerto de Fort Lauderdale, en La Florida, con llegada a Posadas, capital de Misiones.

    Casi en espejo, otra nave similar, un Gulfstream IV matrícula N772MS también apareció en las rutas registradas por las aplicaciones y por los aeropuertos de modo oficial volando también desde los Estados Unidos a la misma Posadas.

    Pero uno de los dos jets con matrícula norteamericana había oficializado un plan de vuelo engañoso.

    Al día de hoy es difícil de confirmar cuál de esas dos aeronaves en realidad se desvió hacia Asunción del Paraguay, para esperar en pista hasta el miércoles por la mañana, cuando retornó a La Florida una vez que había llegado a ese distrito, pero en el vuelo del jet original.

    Las fuentes consultadas por Clarín afirmaron que lo hicieron por tierra. Eso supone que viajaron por ruta desde la casa del jefe del clan, Flávio, en Brasilia, hacia la frontera de Foz de Iguazú con Puerto Iguazú. Son poco más de 1600 kilómetros de distancia. Más de veinte horas de manejo.

    La certeza de que por esas vías se trasladaron los Bolsonaro con la imposición de la Justicia de prohibición de salida de su país impuesta al candidato perdedor de las elecciones genera suspicacias. ¿Casi un día completo de viaje sin que la policía brasileña detectara jamás a ese convoy que contó con asistencia de vehículos coordinados por los Estados Unidos, según las fuentes?

    A esta intriga se le debe sumar un dato relevante. Los Bolsonaro habían alquilado un jet privado para viajar por aire desde la capital de Brasil hacia la zona de la triple frontera con Argentina. El dueño de esa aeronave se negó a cumplir con el contrato porque se difundió en los medios que Bolsonaro tenía la obligación de no salir de Brasil.

    Ante esa negativa y el reloj corriendo, la familia, siempre con asistencia internacional, se jugó por el escape por rutas. Eso sí, ese primer operativo incluyó de nuevo señuelos para despistar a posibles seguimientos: seis vehículos distintos partieron uno detrás de otro del hogar de la familia en fuga en Brasilia a modo de distracción. ¿En cuál estaban los reales pasajeros apurados por llegar a la Argentina?

    La llegada al aeropuerto de Iguazú por una entrada secreta que los dejó directo en la pista, cerca del avión final que los transportaría a Miami, y la espera de más de cuarenta minutos de los Bolsonaro ya sentados en la butaca de la aeronave podría chocar con lo afirmado en una comunicación oficial de Migraciones.

    El organismo argentino aseguró que la familia del candidato derrotado en las elecciones presidenciales en el país vecino había cruzado a las 22:30 la frontera entre Foz de Iguazú y Puerto Iguazú, es decir, por el puente Tancredo Neves, a «las 22:30» del martes 27.

    En medio de las primeras filtraciones sobre el accionar del Departamento de Estado y el Gobierno de la Argentina sobre su rol de coordinación y financiamiento de la fuga de los Bolsonaro, el diario The New York Times reveló el nombre del funcionario de la Casa Blanca que organizó parte de esta misión: es Jason Miller, del área de Comunicación de la administración Trump.

    La falta de transparencia en el operativo, y la polémica que supone la injerencia de una potencia extranjera en territorios de Brasil y Argentina, todo para ayudar al escape a La Florida de un dirigente político denunciado por lavado de dinero y con restricciones para dejar su país, provocaron que legisladores del Partido Demócrata le enviaran una serie de preguntas sobre el caso al secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio.

    ¿Hubo ayuda de la Casa Blanca para Bolsonaro? ¿Funcionarios de Estados Unidos trabajaron en el caso tanto en Brasil, Argentina o Ecuador, país en el que hizo escala el avión con la familia del dirigente brasileño ya en viaje a Miami?

    Son solo algunas de las preguntas que Rubio deberá responder antes del 13 de noviembre, según estipularon sus opositores en la Cámara de Representantes.

    La historia completa de la fuga de los Bolsonaro aún se desconoce. A pesar de la reconstrucción de buena parte de la trama que el periodismo hizo en base a fuentes confiables y con información verificada.

    En acciones complejas y vinculadas al mundo de la Inteligencia nacional o internacional, siempre habrán nuevos interrogantes por dilucidar. Todo pasa a formar parte del llamado “Juego de los Espejos», tal como describió a la dinámica de los servicios secretos el ex subdirector adjunto del MI5 inglés, Peter Wright, quien en su autobiografía explica, palabras más o menos, lo que suele ocurrir en situaciones como esta.

    Define a estos escenarios así: «En un momento la realidad parece ser una trampa. Y una trampa parece ser la realidad. Luego se descubre que la realidad y la trampa son la misma cosa».

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    Fuente: Clarín – Política — ver publicación original.

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