La salud ocular depende de mecanismos cotidianos que suelen pasar inadvertidos, como el parpadeo, la producción de lágrimas y la protección frente al viento, el humo o el aire seco. Cuando la superficie del ojo conserva una lubricación estable, puede mantenerse limpia y contribuir a una visión nítida.
Las pantallas, los ambientes con climatización y la exposición a partículas suspendidas forman parte de rutinas que pueden afectar ese equilibrio. La sequedad ocular es una de las afecciones que concentra esas alteraciones: puede generar molestias persistentes y, en algunos casos, modificar la calidad de la visión.
El oftalmólogo Daniel Sand, de la Universidad de California (UCLA), observó un aumento de consultas desde el inicio de la pandemia de COVID-19, en un contexto de mayor trabajo frente a computadoras. La atención sobre el ojo seco resulta relevante porque el parpadeo distribuye la película lagrimal, una capa que lubrica la superficie ocular y ayuda al enfoque.
Por qué ocurre el síndrome del ojo seco y cuáles son sus síntomas
Aparece cuando las lágrimas no lubrican el ojo de manera suficiente o cuando su composición no logra permanecer estable. Según explicó la Mayo Clinic, la película lagrimal está integrada por capas lipídica, acuosa y mucínica. Si alguna se altera, pueden producirse inflamación y daño en la superficie ocular.
La Academia Americana de Oftalmología indicó que la capa oleosa de las lágrimas reduce la evaporación, la acuosa elimina partículas y la mucosa permite que el líquido se distribuya y adhiera a la superficie del ojo. Por eso, la calidad de las lágrimas es tan importante como su cantidad.
Los síntomas pueden presentarse en ambos ojos e incluyen escozor, ardor, picazón, enrojecimiento, sensibilidad a la luz y una sensación de arenilla o de cuerpo extraño. También pueden aparecer fatiga visual, mucosidad y dificultad para utilizar lentes de contacto, según detalló Penn Medicine, de la Universidad de Pensilvania. La visión borrosa o fluctuante puede sumarse cuando la película lagrimal deja de ser uniforme.
El lagrimeo abundante también puede ser un signo de sequedad, aunque parezca contradictorio. La Cleveland Clinic explicó que, cuando el ojo se irrita y la capa oleosa no evita la evaporación con eficacia, las glándulas lagrimales pueden responder con una mayor producción de lágrimas acuosas. Esa reacción no necesariamente corrige el problema de base.
El envejecimiento se asocia con una menor producción de lágrimas, mientras que los cambios hormonales, ciertas enfermedades autoinmunes y afecciones alérgicas también pueden intervenir en el cuadro. Sand señaló a UCLA Health que una persona suele parpadear entre 12 y 15 veces por minuto, una frecuencia que disminuye al fijar la vista en una pantalla y que también puede reducirse durante la lectura, la conducción u otras tareas que demandan concentración visual sostenida.
Además, la Academia Americana de Oftalmología incluyó entre los factores que pueden aumentar el riesgo el humo, el viento, el clima seco, el uso prolongado de lentes de contacto y algunas cirugías oculares. La Mayo Clinic también mencionó ciertos medicamentos, entre ellos antihistamínicos, descongestionantes, antidepresivos y tratamientos para la presión arterial, como posibles elementos que contribuyen a la sequedad ocular.
Cómo manejar la sequedad ocular
La prevención se orienta a reducir los factores que favorecen la evaporación de las lágrimas y a sostener la lubricación de la superficie ocular. Para las actividades con pantallas, Sand recomendó la regla 20-20-20: cada 20 minutos, apartar la mirada de la computadora y observar durante al menos 20 segundos un objeto situado a unos seis metros de distancia. La pausa permite relajar la vista y recuperar el parpadeo.
La Mayo Clinic aconsejó colocar la pantalla por debajo del nivel de los ojos. Esa disposición evita que sea necesario abrirlos tanto y puede disminuir la evaporación entre parpadeos. También recomendó descansar la vista de forma periódica y pestañear varias veces para distribuir las lágrimas sobre toda la superficie ocular.
Según UCLA Health, el calor, el viento seco, el humo de incendios y la contaminación pueden agravar la molestia. Sand sugirió usar lentes de sol envolventes para reducir la exposición al viento y señaló que los humidificadores pueden aportar humedad en el dormitorio o el espacio de trabajo, siempre que reciban limpieza regular.
Sand indicó que limpiar los párpados y las pestañas dos veces por día puede ayudar a retirar suciedad y partículas, y recomendó aplicar compresas tibias para favorecer el flujo de aceite de las glándulas palpebrales y reducir la evaporación de la película lagrimal.
La Academia Americana de Oftalmología precisó que las lágrimas artificiales de venta libre, disponibles en distintas formulaciones, pueden aliviar los síntomas y que, si se utilizan más de seis veces al día o existe sensibilidad a los conservantes, pueden considerarse productos sin conservantes bajo orientación oftalmológica.
La Cleveland Clinic indicó que el tratamiento, definido según la gravedad y la causa, puede incluir ungüentos lubricantes, tapones lagrimales que reducen el drenaje de lágrimas, lentes esclerales, fármacos que estimulan su producción y procedimientos para problemas en los párpados, aunque el carácter crónico del ojo seco puede requerir distintos abordajes hasta encontrar el más adecuado.
Sin tratamiento, los casos graves pueden asociarse con inflamación, lesiones de la córnea, infecciones y problemas visuales, según Mayo Clinic. Por ese motivo, la evaluación de un oftalmólogo permite identificar causas subyacentes y definir medidas acordes con cada cuadro.












