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    En 1996, hipotecó la casa familiar, creó una pequeña fábrica y hoy vende 1 millón de kilos de galletitas al mes

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    En 1996, hipotecó la casa familiar, creó una pequeña fábrica y hoy vende 1 millón de kilos de galletitas al mes

    En 1996, José Pérez tomó una decisión que puso en juego el único patrimonio de su familia. Hipotecó su casa para comprar un horno y una máquina de alfajores, alquiló un galpón en San Justo y comenzó a fabricar productos bañados en chocolate blanco y negro y alfajores de maicena. Tres décadas después, Delicias de la Nonna produce más de un millón de kilos de galletitas por mes, comercializa sus productos en todo el país y exporta a Uruguay, Paraguay y Estados Unidos.

    El crecimiento de aquella pequeña empresa familiar no fue consecuencia del éxito de sus primeros alfajores; por el contrario, las dificultades para competir con las grandes empresas del sector los obligaron a buscar una alternativa cuando todavía no contaba con una marca reconocida y necesitaba generar recursos para invertir.

    “Los inicios no fueron fáciles porque cuando uno arranca con una marca en desarrollo y con una calidad superior, hasta que la gente te conoce, te aprueba la marca y te compra, lleva un proceso”, recordó en diálogo con TN Juan José Pérez, uno de los hijos del fundador, que entonces terminaba el colegio y dedicaba sus horas libres a colaborar con el emprendimiento.

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    La primera marca se llamó Pipón y los alfajores se fabricaban con las dos máquinas que José compró gracias al préstamo hipotecario. Sus hijos Gabriela, Juan y Marcelo se sumaron al proyecto familiar, que desde el comienzo funcionó bajo la razón social Edra, el nombre que conserva hasta la actualidad.

    La máquina que cambió el rumbo de la empresa

    Entre 2000 y 2002, cuando la familia comprobó que no podía sostener la competencia con los grandes fabricantes de alfajores, José encontró una solución que aprovechó sus habilidades técnicas y evitó que la empresa tuviera que comprar una nueva línea de producción.

    “Mi papá, con el conocimiento que tiene de mecánica, lo que hizo fue transformar la máquina de alfajores en una máquina para hacer rellenas”, contó Juan. El cambio permitió comenzar a fabricar unas pequeñas galletitas rellenas que, según recordó, todavía no eran habituales en el mercado argentino.

    Las mini rellenas salieron a la venta con la marca Mérida y tuvieron una aceptación que modificó las perspectivas del negocio. La familia encontró un producto con el que pudo crecer y generar los recursos necesarios para incorporar tecnología y ampliar la capacidad productiva.

    “Desde el momento en que nacimos con la empresa hasta el día de hoy, siempre la idea es crecer e invertir en la empresa; todo lo que la empresa rentabiliza va hacia la empresa”, explicó Juan sobre una política que permitió sostener la expansión durante las décadas siguientes.

    Con el aumento de la producción, la compañía incorporó una línea para fabricar pepas y comenzó a desarrollar una identidad comercial que reúne sus diferentes productos. Así nació Delicias de la Nonna, una marca que lleva una década en el mercado.

    La elección del nombre respondió a una idea de elaboración familiar, aunque no existió una abuela detrás de las recetas. “Fue una búsqueda de una marca que nos identifica en la manera de hacer las cosas y de producir”, señaló, que asoció esa elección con el cuidado que una abuela pone cuando cocina para su familia.

    Tres generaciones y el proyecto de una nueva fábrica

    Actualmente, la empresa funciona en Lomas del Mirador, también en el partido de La Matanza, donde produce unas 200.000 cajas mensuales, equivalentes a más de un millón de kilos de galletitas. Su catálogo supera los 15 productos, con diferentes sabores y presentaciones, que incluyen rellenas, anillos glaseados, surtidos, pepas y variedades bañadas en chocolate.

    El crecimiento se expandió al exterior mediante importadores que comercializan sus productos en Uruguay, Paraguay y Estados Unidos. Para Juan, la capacidad de adaptación explica cómo la compañía logró sostenerse durante tres décadas en un mercado altamente competitivo.

    “Siempre supimos estar muy cercanos a la necesidad del mercado, entender al consumidor y brindarle productos entendiendo lo que necesitaba”, afirmó. Según explicó, la estructura familiar permite tomar decisiones con rapidez cuando aparecen nuevas tendencias de consumo.

    A los 82 años, José sigue yendo todos los días a la fábrica que nació de aquella hipoteca de 1996. Junto a él trabajan sus tres hijos y sus nietos Facundo y Matías, que representan la tercera generación del emprendimiento.

    Con la producción actual y una familia que mantiene la conducción del negocio, el próximo desafío es construir una planta en un parque industrial, un proyecto que marca el rumbo que los Pérez buscan para los próximos años. “Lo que soñamos para Delicias de la Nonna es que las generaciones venideras puedan sostener, crecer y brindar más productos”, resumió Juan José.

    Fuente: TN – Economía — ver publicación original.

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